miércoles, 27 de noviembre de 2013

Hoy 27 de Noviembre, día de la Virgen de la Medalla Milagrosa

Madre nuestra del Corazón traspasado  de dolor junto a la Cruz del Señor, que luego sonreíste de alegría en la Resurrección, ruega por nosotros que recurrimos a Vos.

jueves, 21 de noviembre de 2013

La soberbia, esa insoportable enfermedad.

En una persona se detecta de inmediato. No hay replica posible a sus comentarios pues se indigna, jamás admite un error y mucho menos una corrección por  más acertada y objetiva que sea. Recuerda con frecuencia sus logros e ignora los ajenos y exige se respeten sus derechos no reconociendo fácilmente obligaciones que, sostiene, son un ejercicio de autoritarismo fascista. En el tránsito de cualquier calle o ruta, en los trámites, en cualquier actividad más o menos social rige su lema :" primero yo". 
En la función pública, esos personajes son terriblemente dañinos pues usufructúan un poder  del que  no reconocen ni aceptan límites y si existen, aunque sean legales, tratara de eliminarlos. A mayor nivel de gobierno más daño hacen, destruyen las instituciones que los pueden controlar, no aceptan soluciones de consenso pues implican diálogos y lo único admisible en sus enfermizas convicciones es un monólogo, los únicos personajes siempre serán ellos y su espejo. Trágico es el escenario de las naciones que los cobijan.



lunes, 18 de noviembre de 2013

Historias de guerra. Grandes Batallas de la Historia. El Asedio de Castelnuovo. 1531.

El Asedio de Castelnuovo pasaría a la historia por ser una de las batallas más heroicas de la historia, y rebautizada con el seudónimo de la Batalla de las Termópilas moderna. ¡¡ Cuantas películas se hubieran hecho si los protagonista hubieran sido anglosajones, pero eran soldados españoles. !!

Transcribo : " Una nueva amenaza inquieta a las potencias occidentales. Los otomanos liderados por Jeireddin Barbarroja tienen a Europa en el punto de mira. Concretamente están centrados en la conquista de Centroeuropa. En Montenegro existe la fortaleza de Castelnuovo, conquistada por los tercios españoles años antes y cuya ocupación fue fruto tensiones entre el Papado, Venecia y España, que habían roto su alianza disolviéndo la Liga Santa. A causa de este desencuentro, la fortaleza de Castelnuovo quedo defendida tan solo por unos 3.000 hombres correspondientes a los Tercios Españoles que estaban privados de toda ayuda de defensa posible. Hacia ellos se dirigía una mastodóntica fuerza compuesta por 200 naves tripuladas por 20.000 marinos, y 30.000 unidades 

Nada más desembarcar los turcos y llegar sus tropas terrestres estos comenzaron a preparar también sus puestos y a cavar trincheras donde alojar su artillería, durante estos preparativos, las tropas españolas hacían salidas continuas con el fin de hostigar en la medida de lo posible la moral y el número de las unidades turcas, aunque estas salidas se parecían más a un mosquito picando a un león. No obstante la fortaleza española estaba aislada y por tanto no llegaban suministros, por lo que la mínima posibilidad de victoria que tenían los soldados españoles se desvanecía. Consciente de esto Barbarroja decidió ofrecer a Sarmiento una rendición honrosa para evitar un gran derramamiento de sangre, pero esta fue rechazada, el mensaje español fue claro: "Viniesen cuando quisiesen".
La lucha comienza con un duro bombardeo de artillería sobre la fortaleza, seguido de más bombardeos esta vez simultáneos con ataques de infantería y jenízaros, los turcos estaban dispuestos incluso a alcanzar con su fuego artillero a sus propios soldados lo que junto a la fiereza de la lucha por parte de los defensores causa un gran número de bajas entre los otomanos. Tras el combate y sacando fuerzas de flaqueza, los defensores llevaron a cabo una escaramuza en el campamento turco causando grandes bajas e incluso obligando al propio Barbarroja a abandonar su tienda. Ese puñado de españoles estaba resistiendo mucho más de lo que en un principio podía presuponerse.

Los días pasaban, las luchas se repetían, los otomanos no paraban de caer y la fortaleza continuaba resistiendo, la plaza parecía inexpugnable pero 2 desertores españoles y uno de origen portugués informaron al campamento turco de no cesar en los ataques ya que apenas quedaban españoles que pudiesen luchar, y estos casi no tenían comida y pólvora. Por tanto los ataques se reanudaron y los apenas 600 hombres que quedaban lucharon hasta el final de forma heroica y excepcionalmente efectiva. Las victimas turcas se contaban por miles hasta que por fin los extenuados soldados españoles muchos de ellos heridos, y cuyo número no superaba los 200 se rindieron. Muchos fueron ejecutados y los demás llevados a Constantinopla donde serian esclavos de por vida la mayoría de ellos.
Como era de esperar las tropas españolas fueron derrotadas, pero el precio a pagar por los tucos fue demasiado alto, unos 20.000 muertos, entre ellos miles de Jenízaros, tropas de élite turcas. El propio Sarmiento resultó muerto durante los combates y el Asedio de Castelnuovo pasaría a la historia por ser una de las batallas más heroicas de la historia, y rebautizada con el seudónimo de la Batalla de las Termópilas moderna." Años después 25 soldados españoles escapados de Constantinopla regresaban a su patria.

Cuarenta años más tarde,  en 1571 ¡ Cierra España ! : Lepanto..., turcos, a casa.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Apto para todos. ESPECIAL para los que detentan poder

Sabiduría: 6, 1-11

Escuchen, reyes, para que obtengan la sabiduría.

Escuchen, reyes, y entiendan; aprendan, soberanos de todas las naciones de la tierra; estén atentos, los que gobiernan a los pueblos y están orgullosos del gran número de sus súbditos: El Señor les ha dado a ustedes el poder; el Altísimo, la soberanía; Él va a examinar las obras de ustedes y a escudriñar sus intenciones.

Ustedes son ministros de su reino y no han gobernado rectamente, ni han cumplido la ley, ni han vivido de acuerdo con la voluntad de Dios. Él caerá sobre ustedes en forma terrible y repentina, porque un juicio implacable espera a los que mandan. Al pequeño, por compasión se le perdona, pero a los poderosos se les castigará severamente. El Señor de todos ante nadie retrocede y no hay grandeza que lo asuste; Él hizo al grande y al pequeño y cuida de todos con igual solicitud; pero un examen muy severo les espera a los poderosos.

A ustedes, pues, soberanos, se dirigen mis palabras, para que aprendan a ser sabios y no pequen; porque los que cumplen fielmente la voluntad del Señor serán reconocidos como justos, y los que aprenden a cumplir su voluntad encontrarán defensa. Pongan, pues, atención a mis palabras, búsquenlas con interés y ellas los instruirán. 

Del salmo 81

Ven, Señor, y haz justicia.

Protejan al pobre y al huérfano, hagan justicia al humilde y al necesitado, defiendan al desvalido y al pobre y líbrenlos de las manos del malvado. R/.

Yo declaro: "Aunque todos ustedes sean dioses e hijos del Altísimo, morirán como cualquier hombre, caerán como cualquier príncipe". R/.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Hoy San Martín de Tours. Una lectura muy conveniente para gobiernos en descomposición.

Primer lectura,de la Santa Misa de hoy, aplicable universalmente pero, ESPECIALMENTE, a gobiernos en descomposición.

Comienzo del libro de la Sabiduría (1,1-7):

" Amad la justicia, los que regís la tierra, pensad correctamente del Señor y buscadlo con corazón entero. Lo encuentran los que no exigen pruebas, y se revela a los que no desconfían. Los razonamientos retorcidos alejan de Dios, y su poder, sometido a prueba, pone en evidencia a los necios. La sabiduría no entra en alma de mala ley ni habita en cuerpo deudor del pecado. El espíritu educador y santo rehúye la estratagema, levanta el campo ante los razonamientos sin sentido y se rinde ante el asalto de la injusticia. La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres que no deja impune al deslenguado; Dios penetra sus entrañas, vigila puntualmente su corazón y escucha lo que dice su lengua. Porque el espíritu del Señor llena la tierra y, como da consistencia al universo, no ignora ningún sonido." 
 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Conversos. Un poco de historia para tiempos "liberados". El caso de André Frossard (1915-1995). Conclusión.

Después de la conversión...:

Ese acontecimiento iba a operar en mí una revolución tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi carácter y haciéndome hablar un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó.
Se creyó oportuno, suponiéndome hechizado, hacerme examinar por un médico amigo, ateo y buen socialista. Después de conversar conmigo sosegadamente y de interrogarme indirectamente, pudo comunicar a mi padre sus conclusiones: era la "gracia", dijo, un efecto de la "gracia" y nada más. No había por qué inquietarse.

Hablaba de la gracia como de una enfermedad extraña, que presentaba tales y cuales síntomas fácilmente reconocibles. ¿Era una enfermedad grave? No. La fe no atacaba a la razón. ¿Había un remedio? No; la enfermedad evolucionaba por sí misma hacia la curación; esas crisis de misticismo, a la edad en que yo había sido atacado, duraban generalmente dos años y no dejaban ni lesión, ni huellas. No había más que tener paciencia.

Se me toleraría mi capricho religioso a condición de que fuese discreto, como lo serían conmigo. Se me rogó que me abstuviese de todo proselitismo en relación con mi hermana menor. Ella se convertiría a pesar de todo al catolicismo, y mi madre también, bastantes años después de ella".

Frossard escribió el libro de su conversión, "Dios existe. Yo me lo encontré ", que mereció el Gran Premio de la literatura Católica en Francia en 1969, y que se convertiría en un best-seller mundial.

En 1985 fue elegido miembro de la Academia y trabajó en la Comisión del Diccionario. Muere en París en 1995 a los 80 años de edad, tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su generación.

Conversos. Un poco de historia para tiempos "liberados". El caso de André Frossard (1915-1995). Continuación.

. Segunda parte. Su conversión por el mismo. 

“Mi mirada pasa de la sombra a la luz, vuelve a la concurrencia sin traer ningún pensamiento, va de los fieles a las religiosas inmóviles, de las religiosas al altar: luego, ignoro por qué, se fija en el segundo cirio que arde a la izquierda de la cruz. No el primero, ni el tercero, el segundo. Entonces se desencadena, bruscamente, la serie de prodigios cuya inexorable violencia va a desmantelar en un instante el ser absurdo que soy y va a traer al mundo, deslumbrado, el niño que jamás he sido.
Antes que nada, me son sugeridas estas palabras: vida espiritual. No me son dichas, no las formo yo mismo, las escucho como si fuesen pronunciadas cerca de mí, en voz baja, por una persona que vería lo que yo no veo aún.
La última sílaba de este preludio murmurado, alcanza apenas en mí la orilla de lo consciente que comienza una avalancha al revés. No digo que el cielo se abre; no se abre, se eleva, se alza de pronto, fulguración silenciosa, de esta insospechada capilla en la que se encontraba milagrosamente incluido. ¿Cómo describir con estas palabras huidizas, que me niegan sus servicios y amenazan con interceptar mis pensamientos para depositarlos en el almacén de las quimeras?
El pintor a quien fuera dado entrever colores desconocidos, ¿con qué los pintaría? Es un cristal indestructible, de una transparencia infinita, de una luminosidad casi insostenible (un grado más me aniquilaría) y más bien azul; un mundo, un mundo distinto de un resplandor y de una densidad que despiden al nuestro a las sombras frágiles de los sueños incompletos.
Él es la realidad, él es la verdad, la veo desde la ribera oscura donde aún estoy retenido. Hay un orden en el universo, y en su vértice, más allá de este velo de bruma resplandeciente, la evidencia de Dios; la evidencia hecha presencia y la evidencia hecha persona de Aquel mismo a quien yo habría negado un momento antes, a quien los cristianos llaman Padre nuestro, y del que me doy cuenta de que es dulce; con una dulzura semejante a ninguna otra, que no es la cualidad pasiva que se designa a veces con ese nombre, sino una dulzura activa que quiebra, que excede a toda violencia, capaz de hacer que estalle la piedra más dura y, más duro que la piedra, el corazón humano.
Su irrupción desplegada, plenaria, se acompaña de una alegría que no es sino la exultación del salvado, la alegría del náugrafo recogido a tiempo; con la diferencia, sin embargo, de que es en el momento en que soy izado hacia la salvación cuando tomo conciencia del lodo en que, sin saberlo, estaba hundido, y me pregunto, al verme aún con medio cuerpo atrapado por él, cómo he podido vivir allí, respirar allí.
Al mismo tiempo me ha sido dada una nueva familia, que es la Iglesia, que tiene a su cargo conducirme a donde haga falta que vaya; bien entendido que, a pesar de las apariencias, me queda alguna distancia que franquear y que no podría ser abolida más que por la inversión de la gravedad.
Todas estas sensaciones que me esfuerzo por traducir al lenguaje inadecuado de las ideas y de las imágenes son simultáneas, comprendidas unas en otras, y pasados los años no habré agotado el contenido. Todo está dominado por la presencia, más allá y a través de una inmensa asamblea, de Aquel cuyo nombre jamás podría escribir sin que me viniese el temor de herir su ternura, ante Quien tengo la dicha de ser un niño perdonado, que se despierta para saber que todo es regalo” (“Dios existe”, pp. 156-160).
Ha sido un momento breve. André sale a la calle con su amigo, que lo observa con preocupación. “¿Pero qué te pasa”? André responde: “Soy católico...” Willemin está atónito. André sigue: “apostólico y romano”. Willemin no comprende qué ha ocurrido, ve los ojos de André desorbitados, misteriosos. André insiste: “Dios existe, y todo es verdad”.
El milagro se prolonga por un mes. “Cada mañana volvía a encontrar, con éxtasis, esa luz que hacía palidecer el día, esa dulzura que nunca habría de olvidar y que es toda mi ciencia teológica” (“Dios existe”, p. 163). Cuando deja de repetirse el prodigio, André acude a un sacerdote y se instruye sobre las verdades fundamentales de la fe cristiana. Quiere ser bautizado, quiere ser miembro de la Iglesia.
No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos místicos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido una brusca transformación; no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada: no cuento cómo he llegado al catolicismo, sino como no iba a él y me lo encontré. (...)

Nada me preparaba a lo que me ha sucedido: también la caridad divina tiene sus actos gratuitos. Y si, a menudo, me resigno a hablar en primera persona, es porque está claro para mí, como quisiera que estuviese enseguida para vosotros, que no he desempeñado papel alguno en mi propia conversión. (...)

Ese acontecimiento iba a operar en mí una revolución tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi carácter y haciéndome hablar un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó.