Una reflexión vinculada con los servicios de inteligencia locales, SIDE y similares ya que pareciera que se cambia algo para que todo siga igual.
Localmente, y ahora ya es publico, los servicios de este tipo han sido y siguen siendo instrumentos para confeccionar "carpetas" con información comprometedora obtenida a través de escuchas telefónicas, seguimientos, grabaciones y vídeos de políticos, jueces, fiscales, periodistas y gente en general que, por su posición, los gobiernos de turno consideran que es necesario chantajear para mantenerlas bajo control.
Es un mecanismo perverso, pero es necesario adverir que la "información comprometedora" dejaría de serlo si las conductas de las personas vigiladas fuera irreprochable tanto privada como públicamente.
Habla muy tristemente de una sociedad que haya tantas personas que detentan cargos públicos o destacados merecedoras de chantajes que no serian posibles si sus conductas fueran moralmente inatacables, aunque, en esta Argentina tan alicaída solo basta con salir a la calle, transitar por las rutas" y observar las conductas para aceptar este hecho sin demasiados cuestionamientos.
Sin embargo debe tenerse en cuenta, y la realidad de casos conocidos lo confirma, que, ante la imposibilidad de armar carpetas comprometedoras por la inexistencia de actos reprochables que las justifiquen, la perversidad sin límites de estos "servicios de inteligencia" siguiendo las ordenes de quienes los dirigen, inventan situaciones comprometedoras sin importarle que luego puedan ser desvirtuados por pruebas de la inexistencia de estas situaciones ya que lo que se persigue es un daño inmediato, perjudicar, manchar la reputación del enemigo elegido en el corto plazo, por ejemplo, elecciones o situaciones públicas inmediatas.
No habrá transparencia posible mientras existan estos servicios con los objetivos mencionados y mientras no se apliquen realmente criterios de selección de las personas que se postulan para ocupar cargos de responsabilidad pública que minimicen la posibilidad de que los postulantes no reúnan las condiciones de probidad moral y profesional requeridas sin olvidar que no es posible tener dos rostros morales, uno para lo publico y otro para lo privado.
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