Nos hiciste Señor para Ti y nuestra alma inquieta está hasta que descanse en Ti.
San Agustín
En una brisa suave como Elias en el monte Horeb
Tras unos pétalos de rosas volando ante ti Señora
Allí estas Dios, allí estas nuestra Reina y Madre
En el silencio o quizás en un canto apenas escuchado
En esta tarde que ya se va y en la mañana que vendrá
Ven mi Dios, ven Maria, venid, llevadme de la mano
Hacia donde queráis que mi alma esté.
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