Juntos con San Bernardo de Claraval recordemos que:
Si se levantan las tempestades de tus pasiones,
mira a la Estrella,
invoca a María.
Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu
espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella, invoca a María.
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la
desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios.
Siguiéndola,
no te perderás en el camino.
Invocándola no te desesperarás.
Y guiado por Ella
llegarás seguramente al Puerto Celestial

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