viernes, 15 de junio de 2012

Antoni Gaudi. El arquitecto de Dios


Hace unos pocos días se cumplió un nuevo aniversario de la muerte de Gaudi, fallecido el 10 de junio de 1926 en el Hospital de Expósitos de Barcelona luego de un accidente,  atropellado por un tranvía. Cuando le encontraron, malherido, aferraba en su mano un Evangelio, llevaba la ropa con la que habitualmente trabajaba, tan humilde que lo confundieron con un mendigo.

Se dirigía  como era su costumbre diaria a la  iglesia Sant Joan de Gracia en la que Gaudí asistía a misa todas las mañanas, quizás también  para hablar con Dios sobre su obra a la cual dedico los últimos 42 años de su vida, la Basílica de la Sagrada Familia que hoy, aun faltandole casi una tercera parte de su proyecto original, es ya una oración hecha piedra que se eleva al cielo.

Oración hecha piedra sin duda alguna, que da frutos todos los días, muchos desconocidos, algunos públicos como la conversión del escultor japonés Sotoo quien fascinado por las obras de Gaudì, descubrió la fe católica trabajando en la iglesia de la Sagrada Familia convirtiéndose y bautizándose en 1978.

«Trataba de ensimismarme e interrogaba a las piedras. Me preguntaba qué habría hecho Gaudí en mi lugar. Era necesario descubrir lo que había detrás de esta piedra», confesó.
Sotoo no encontró respuestas a estas preguntas hasta que comprendió que no tenía que «mirar a Gaudí, sino hacia la dirección en la que miraba Gaudí ». Hacia el cielo tan simple y tan cierto, diria yo.

La arquitectura de Gaudí nació de la comprensión de la obra del Creador y está estrechamente vinculada a la religión, como vía natural de relación del hombre con la Divinidad.


Es conocido que la idea de la ahora Basílica  de la Sagrada Familia es muy anterior a la intervención de Gaudí. Desde 1866 la Asociación de los Josefinos  propagaba la devoción a San José y la construcción de un templo expiatorio en Barcelona. En 1882 se colocó la primera piedra de un edificio proyectado por el arquitecto diocesano del Villar. Gaudí  comenzó a intervenir luego de la dimisión del autor del proyecto, y su primer estudio firmado para el Templo, el altar de San José para la cripta, es de diciembre de 1884. Cuando terminó la cripta, en 1891, se inició el ábside y luego la fachada de Levante o del Nacimiento, con tres portales y cuatro campanarios, solución. nueva y no utilizada hasta Gaudí. Los campanarios se iniciaron a partir de 1893.. .



LAS TORRES

Las torres del campanario son lo que impresiona más e inmediatamente a quien se acerca por primera vez a la Sagrada Familia. Hoy el visitante ve ocho, cuatro para cada una de las fachadas laterales. Pero en total debían ser dieciocho: otras cuatro sobre la fachada principal; otras cinco sobre el crucero central, con la más alta dedicada a Cristo y las otras a los evangelistas, y por último una sobre el ábside, dedicada a la Virgen.

La forma cónica de las torres recuerda la arquitectura nor-africana que apasionaba a Gaudí. Erigidas entre la tierra y el cielo, suscitan una sensación de atracción pero también de descenso de lo alto. Son la Jerusalén celestial que desciende del cielo.


Las doce torres sobre las tres fachadas están dedicadas a cada uno de los doce apóstoles. Los doce unen la tierra y el cielo, porque al anunciar el Evangelio llaman a entrar en la nueva Jerusalén. En la parte superior, las doce torres culminan con los emblemas de los obispos: la mitra, el báculo, el anillo. Los apóstoles hablan y actúan a través de sus sucesores.

En cada torre está esculpida la palabra "Sanctus" y, casi en la cima, "Hosanna in excelsis". Son las palabras del canto que introduce la gran oración eucarística, la liturgia de la Iglesia terrenal y celestial que se celebra en cada Misa.

Para las torres centrales, todas ellas todavía sin construir, la llamada es al Cristo Pantokrator, el que domina los mosaicos absidales de tantas iglesias antiguas. Al igual que en la visión del Apocalipsis, al Pantokrator le hacen una corona "los cuatro vivientes", los evangelistas, los testigos de la revelación divina, de la apertura de los cielos. Pero aquí el signo de Cristo no es el trono, es la Cruz, la gran cruz con el cordero al centro que dominará la torre central y más alta, la cruz gloriosa y real del Evangelio de san Juan.


LAS FACHADAS


Gaudí habría querido orientar la iglesia hacia el sol que surge, pero no le fue posible: la Sagrada Familia está erigida sobre el eje norte-sur. Pero en compensación él concibió las dos fachadas laterales, en las dos puntas del transepto: la oriental dedicada a la Natividad del Señor y la occidental dedicada a la Pasión. Si Cristo es el "sol de justicia" y "el día que el Señor ha hecho" (Salmo 118, 24), entonces entrar en la basílica y participar en la liturgia es vivir "en" este día.

En las basílicas paleocristianas es frecuente encontrar representadas, a los dos lados del arco que introduce al espacio del altar, las ciudades de Belén y de Jerusalén. Así sucede, por ejemplo, en Roma, en la basílica de Santa María la Mayor. Ellas son las ciudades de los dos "pasajes", de las dos "pasiones" de la vida de Cristo. Porque también su nacimiento, en Belén, es en el signo de la pasión: es lo eterno que se hace mortal y se hace poner en el pesebre para ser "comido".

De este modo Gaudí, con las dos fachadas sobre la Natividad y la Pasión, interpreta también a la Iglesia como "pasaje". Mientras el sol que es Cristo pasa a través de la Sagrada Familia desde oriente a occidente, desde el nacimiento a la muerte redentora, la ciudad de los hombres – a partir de Barcelona, situada preferentemente al oeste de la basílica – está llamada a recorrer el camino inverso: desde la muerte al nuevo nacimiento.






EL PORTAL DE LA PASIÓN


En efecto, así como alegre, exuberante y luminoso es el portal de la Natividad, así quiso Gaudí que el portal de la Pasión fuese "duro, pelado, como hecho de huesos".


Realizada y esculpida luego de su muerte basándose en su diseño, pero también con audaces innovaciones, la fachada de la Pasión materializa la visión en la que Ezequiel descubre un terreno campo lleno de huesos y que el soplo del Espíritu hace recubrir con tendones y con carne. El profeta le anuncia al pueblo exiliado: "os resucitaré de vuestros sepulcros. Haré entrar en vosotros mi Espíritu y reviviréis". Toda la Pasión concluye efectivamente en el momento en el que Jesús en la cruz exhala el Espíritu.

Al centro de la fachada, en alto, sobresale el grupo de la crucifixión. Cristo está desnudo como lo estaba Adán, porque es el nuevo Adán que en la cruz recrea al hombre como era antes del pecado, al sexto día de la creación antigua y nueva, cuando puede finalmente decir: "Todo se ha cumplido".

Cristo no apoya su cuerpo en la cruz. Ésta no se yergue en vertical detrás de él. Sale del muro en horizontal y está constituida por dos vigas de hierro. Cristo cuelga de ella como si fuera la grúa de una obra en construcción. Subirachs, el autor de las esculturas, se inspiró en san Ignacio de Antioquía: "Ustedes son piedras del templo preparadas para la construcción del edificio de Dios Padre, elevadas con la grúa de Jesucristo que es la cruz, usando como correa al Espíritu Santo" (Carta a los Efesios 9, 1).


LAS COLUMNAS


La Sagrada Familia está completamente circundada por un claustro, por primera vez en la historia de la arquitectura. Gaudí pensó el claustro como un jardín, el lugar donde Dios y el hombre pueden encontrarse cara a cara, ese jardín que en la Biblia es imagen del paraíso, de la tierra prometida y por último de las nupcias entre Cristo y la Iglesia.

Por eso Gaudí organizó el conjunto de la basílica como un bosque de árboles. Por eso está allí el jardín de la nueva creación, con la eucaristía que hace de banquete nupcial. Cada columna está en forma de árbol con sus ramas y su follaje. Sobre la nave de la Iglesia, pináculos de colores representan los frutos de la promesa, alternativos a la uva y al grano, símbolos de la eucaristía.


El desierto está afuera de este jardín, es la ciudad de los hombres todavía signada por el pecado. Para Gaudí, también Barcelona era un desierto. Con el transcurso de los años, se hizo "monje en la ciudad", con una vida de una simplicidad apaciguante, en una casita cerca del lugar. Pero cada día la Sagrada Familia crecía con nuevas piedras y él, el constructor, gritaba a su ciudad que la nueva creación ya ha comenzado, que el desierto comienza a florecer.

GAUDI, CAMINO A LA BEATIFICACION

En una rueda de prensa celebrada junto a la tumba de Antoni Gaudí, en la Cripta de la Sagrada Familia, Bonet, que es además vicepostulador de la causa de la beatificación de Gaudí, ha asegurado que el proceso está abierto en la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano desde junio de 2003.

Según mosén Bonet, crece el número de personas que ven en Gaudí a un hombre de Dios del que se puede tomar ejemplo, y esta devoción se está extendiendo a todos los rincones del mundo a través de la difusión de estampas que se editan en 15 idiomas, boletines, folletos y libros en los que se ensalza su obra y su vida.

Dos hechos aparentemente milagrosos, uno ocurrido en Canet de Mar (Barcelona) y otros en Reus (Tarragona), en donde una mujer ciega recobró la vista tras rezar e implorar a Antoni Gaudí, son otros factores que según esta asociación hacen a Gaudi merecedor de la condición de venerable.

Sea lo que resulte, la Basílica de la Sagrada Familia, oración hecha piedra como decía al principio, acerca a quienes la visitan a un mundo espiritual del cual tanto necesitamos, hoy más que nunca. Gaudi, nos lo muestra con la misma devocion, con el mismo fuego de los constructores de las eternas catedrales de la cristiandad que creiamos olvidado, con el ardor de la fe siempre viva, siempre presente, pese a tantas cosas...


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