Una vez mas algunos parrafos del discurso en la Universidad de Harvard de Alexander Solyenitzin, premio Nobel de Literatura, fallecido en Agosto del 2008:
“…En el proceso, sin embargo, ha
sido pasado por alto un detalle psicológico: el constante deseo de poseer cada
vez más cosas y un nivel de vida cada vez más alto, con la obsesión que esto
implica, ha impreso en muchos rostros occidentales rasgos de ansiedad y hasta
de depresión, aunque sea habitual ocultar cuidadosamente estos sentimientos.
Esta tensa y activa competencia ha venido a dominar todo el pensamiento humano
y no abre, en lo más mínimo, el camino hacia el libre desarrollo espiritual. Se
ha garantizado la independencia del individuo a muchos tipos de presión
estatal; la mayoría de las personas gozan del bienestar en una medida que sus
padres y abuelos no hubieran siquiera soñado con obtener; ha sido posible
educar a los jóvenes de acuerdo con estos ideales, conduciéndolos hacia el
esplendor físico, felicidad, posesión de bienes materiales, dinero y tiempo
libre, hasta una casi ilimitada libertad de placeres. De este modo ¿quién
renunciaría ahora a todo esto? ¿Por qué y en beneficio de qué habría uno de
arriesgar su preciosa vida en la defensa del bien común, especialmente en el
nebuloso caso que la seguridad de la propia nación tuviera que ser defendida en
algún lejano país?
Incluso la biología nos dice que la
seguridad y el bienestar extremo habitual no resultan ventajosos para un
organismo vivo. Hoy, el bienestar en la vida de la sociedad Occidental ha
comenzado a revelar su máscara perniciosa…
...Después de décadas de sufrimiento,
violencia y opresión, el alma humana anhela cosas más altas, más cálidas y más
puras que las ofrecidas por los hábitos de convivencia masiva introducidos por
la invasión repugnante de la publicidad, el aturdimiento televisivo y la música
insoportable.
Todo esto es visible para numerosos
observadores de todos los mundos de nuestro planeta. Resulta cada vez menos
probable que el estilo de vida occidental se convierta en el modelo a seguir...
... El punto de inflexión provocado por
el Renacimiento probablemente fue inevitable desde el punto de vista histórico.
La Edad Media
había llegado a su término natural por agotamiento, convirtiéndose en una
represión despótica intolerable de la naturaleza física del ser humano a favor
de su naturaleza espiritual. Pero, después, nos retiramos de lo espiritual y
fuimos abrazando todo lo que es material de un modo excesivo e ilimitado. La
nueva forma humanística el pensamiento, que había sido proclamada nuestra guía,
no admitía la existencia de una maldad intrínseca en el ser humano, ni
entreveía una misión más elevada que el logro de la felicidad terrenal. Dio
inicio a la civilización occidental con una peligrosa tendencia a idolatrar al
hombre y a sus necesidades materiales. Todo lo que estaba más allá del
bienestar físico y de la acumulación de bienes materiales; todas las demás
necesidades y características humanas de una naturaleza superior y más sutil,
quedaron fuera del área de atención de los sistemas sociales y estatales, como
si la vida humana no tuviese un significado superior. Eso proporcionó su acceso
al Mal, que en nuestros días fluye libre y constante. La simple libertad per se
no resuelve en lo más mínimo todos los problemas de la vida humana y hasta
agrega una buena cantidad de problemas nuevos.
Y aún así, en las primeras
democracias, como en la democracia norteamericana por la época de su
nacimiento, todos los derechos humanos fueron conferidos sobre la base de que
el ser humano es una criatura de Dios. Esto es: la libertad le fue conferida al
individuo en forma condicional, en la presunción de su constante
responsabilidad religiosa. Esa era la tradición de los mil años precedentes.
Hace doscientos y hasta hace cincuenta años atrás, hubiera sido casi
inimaginable en los Estados Unidos que se le concediese la libertad ilimitada a
un individuo simplemente para la satisfacción de sus caprichos personales.
Después, sin embargo, todas estas
limitaciones resultaron erosionadas en la totalidad de Occidente. Se produjo
una emancipación absoluta de la herencia moral de los siglos cristianos con sus
grandes reservas de misericordia y sacrificio. Los sistemas estatales se
volvieron aun más materialistas. Finalmente, Occidente conquistó los derechos
humanos, incluso en exceso, pero el sentido de responsabilidad del ser humano
ante Dios y ante la sociedad se ha vuelto cada vez más débil. Durante las
últimas décadas, el egoísmo legalista de la cosmovisión occidental ha llegado a
su apogeo y el mundo se encuentra en una aguda crisis espiritual y en una
transición política. Todos los celebrados logros tecnológicos del progreso,
incluyendo la conquista del espacio exterior, no alcanzan para redimir la
pobreza moral del Siglo XX, una pobreza que nadie hubiera imaginado incluso
todavía hacia fines del Siglo XIX…”
Y otro parrafo aun mas lapidario:
... Pero hay un desastre que ya está
muy entre nosotros. Estoy refiriéndome a la calamidad de una conciencia
desespiritualizada y de un humanismo irreligioso.
Este criterio ha hecho del hombre la
medida de todas las cosas que existen sobre la tierra; ese mismo ser humano
imperfecto que nunca está libre de jactancia, egoísmo, envidia, vanidad y toda
una docena de otros defectos. Estamos ahora pagando por los errores que no
fueron apropiadamente evaluados al inicio de la jornada. Por el camino del
Renacimiento hasta nuestros días hemos enriquecido nuestra experiencia pero
hemos perdido el concepto de una Entidad Suprema Completa que solía limitar
nuestras pasiones y nuestra irresponsabilidad.
Hemos puesto demasiadas esperanzas
en la política y en las reformas sociales, sólo para descubrir que terminamos
despojados de nuestra posesión más preciada: nuestra vida espiritual, que está
siendo pisoteada por la jauría partidaria en el
Este y por la jauría comercial en Occidente...
Pero, pese a todo y glosando nuevamente a Solyentzin:
"... Después de décadas de sufrimiento,
violencia y opresión, el alma humana anhela cosas más altas, más cálidas y más
puras ..."

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