lunes, 10 de septiembre de 2012

Historias de guerra. 1797 Santa Cruz de Tenerife, cuando el Almirante Nelson perdio su brazo.



En múltiples oportunidades Inglaterra trato de apoderarse de las colonias españolas en America y de los  barcos que hacían las travesías con  España sin importar demasiado los métodos,

Corría el año 1797 y el Almirante ingles Jervis fue informado de que  los buques con tesoros provenientes de América dejaban sus cargamentos en Tenerife, que estaba fortificado, en vez de acercarse a Cádiz por lo que decidió emprender un ataque anfibio.

La misión fue encomendada al contraalmirante Nelson quien, promediando el mes de julio, inicio su ruta hacia Tenerife con los navíos Theseus de 74 cañones en el que enarboló su insignia Nelson  mandado por el capitán Miller, el Culloden de también de 74 cañones mandado por el capitán Troubridge, el Zealous de 74 al mando del capitán Hood, el Leander de 50 del capitán Thompson que se encontró con la escuadra cuando estaba ya iniciado el ataque, las fragatas Seahorse de 38 al mando del capitán Freemantle, el Emerald de 36 mandado por el capitán Waller, el Tersichore de 32 mandado por el capitán Bowen y el cutter Fox bajo el mando del teniente Gibson, además de una bombardera, la Rayo mandada por el teniente Crompton,. En total 393 cañones, y 3.700 hombres armados.

El teniente general Gutiérrez, capitán general de Canarias se aprestó a la defensa la defensa reforzando las fortificaciones y haciendo que los diferentes fuertes solaparan abanicando el alcance de su armamento para hacerlos mas efectivos.
Gutiérrez había nacido en 1734 y tenía un gran historial militar. Participó en Italia en las últimas campañas de Felipe V.  Comando la fuerza que expulsó a los ingleses de las islas Malvinas, recuperándolas para España. Mas tarde, ya general de brigada volvió a derrotar a los británicos, a las órdenes del duque de Crillón, en 1782, en la recuperación de Menorca, y en 1791 tomó el mando del archipiélago canario.
Con la de 1797 sería la tercera vez que el general Gutiérrez vencería a los británicos.

Las fuerzas con que contaba Gutiérrez eran las siguientes:

    - El batallón de Canarias, unidad de élite muy preparada. 247 hombres.
    - Cazadores provinciales, 110 hombres.
    - Milicias de Laguna y Orotava, 330 hombres.
    - Rozadores de Laguna, 245 hombres.
    - Bandera de Cuba, 60 hombres.
    - Artilleros veteranos y de milicias, 387 hombres.
    - Pilotos auxiliares paisanos, 180 hombres.
    - Marineros franceses (de la capturada La Mutine), 110 hombres.

En total 1.669 españoles y 91 cañones.

Entre el 21 y 22 de julio comienza el ataque ante el fracaso de la intimación a la plaza para su rendición y entrega del fuerte y exigir la inmediata entrega del navío Príncipe de Asturias, procedente de Manila y con destino a Cádiz, perteneciente a la Compañía de Filipinas, junto a su cargamento, y  todos aquellos cargamentos y propiedades que hayan podido ser desembarcadas en la isla de Tenerife.

A las 10 de la mañana del 22 las fragatas, remolcadas por sus botes, fondean en las proximidades del barranco del Bufadero y desembarcan 1.000 hombres,
Durante todo el 23 hubo un intercambio de fuego de fusil y de cañón. Los británicos, atascados y sin posibilidad de progresar procedieron al reembarque, tras dar Nelson la señal desde el Theseus.



Tras las tentativas fracasadas convocó a sus capitanes a una reunión el 23 y les informo, tras reconocer el fracaso de su plan inicial, que había decidido un asalto directo a Santa Cruz por la noche. Nelson ordenó el ataque, conduciendo personalmente uno de los seis grupos de abordaje, los otros cinco eran mandados por los capitanes Troubridge, Miller, Hood, Waller y Thompson. Nelson se resistía a quedarse en su buque insignia como correspondería a su grado de contra almirante y comandante en jefe de la operación. Se  exponía así  a un grave peligro que podía dejar sin mando a la fuerza de desembarco.

 Previamente había escrito a Jervis: "Tomaré el mando de todas las fuerzas destinadas a desembarcar bajo fuego de las baterías de la ciudad y mañana probablemente será coronada mi cabeza con laureles o con cipreses".

A las 10.30 de la noche del 24 de julio, los infantes de marina británicos y marineros se encontraban alrededor del navío Zealous donde formaron los seis grupos, con 700 hombres. Además de las lanchas les acompañaba el cúter Fox, con 180 hombres escogidos y 80 en una goleta apresada varios días antes pero fueron descubiertos por la fragata española San José, que se encontraba fondeada a 500 metros del muelle. La batalla se desplegó 5 frentes, el principal, el área alrededor de la plaza de la Pila, la reguera de Santos, la playa de las Carnicerías, y el monasterio de Santo Domingo.

El resto de los grupos se vio sorprendido por un sostenido fuego de las baterías españolas que abrieron fuego desde Paso Alto hasta el castillo de San Telmo con toda clase de proyectiles, metralla y fusilería de mosquete, que ocasionó el hundimiento del cutter Fox con la pérdida de 97 hombres

La víspera del ataque se abrió una tronera en el muro del castillo de San Cristóbal donde se colocó un cañón de 24 libras a baja altura, para dificultar el desembarco inglés en la playa que separaba este castillo del de San Pedro.
Sin llegar a desembarcar Nelson fue herido en el codo derecho por fuego de metralla,  mientras que Richard Bowen, comandante de la Terpsichore, pierde la vida.

Mas tarde, Nelson se indignaría con el Almirantazgo inglés, por haberse desestimado su pedido  de un monumento o una placa conmemorativa en la Catedral de St. Paul de Londres en memoria de Bowen y ni siquiera una mención en el Parlamento, al hombre que había considerado como uno de los más prometedores oficiales británicos.
El Almirantazgo le respondió que no se hacían homenajes a los que habían protagonizado un hecho desafortunado a las armas británicas. Aso podemos entender la  costumbre inglesa de contar sólo las hazañas y no las derrotas.

Tras la muerte de Bowen sólo un pequeño grupo de británicos logra desembarcar y clavan unos cañones en el muelle "fue tan vivo y tan nutrido el fuego de mosquetería y metralla que nos hicieron desde la ciudadela, ventanas y azoteas de las casas circunvecinas, que no fue posible avanzar un paso más, y el suelo estaba sembrado de cadáveres nuestros". (parte de Nelson a Jervis, 27 de julio). Al final se rinden y más de medio centenar de hombres son tomados prisioneros.

Los dos grupos restantes de británicos desembarcan en la playa de las Carnicerías y avanzaron por el barranco de los Santos y rechazados empujándoles hasta la plaza de Santo Domingo, donde se unen a las fuerzas de Troubridge donde quedan completamente cercados.

Nelson intenta de madrugada reforzar a Troubridge enviando 15 botes hacia el muelle. Las baterías costeras hunden a tres, los demás viraron y regresaron a los buques. La batería del muelle, antes inutilizada ahora ya estaba de nuevo en servicio, lo que hacía imposible otro ataque.

El capitán Troubridge tras otro ridículo mensaje instando a la rendición y dándose cuenta de la triste realidad mandó a Hood a parlamentar con el gobernador  Gutiérrez. Era el 25 de julio.

Mas tarde, Nelson, que siempre había distinguido a los hombres que se portaban de forma honorable en la guerra, escribiría a bordo de su navío una carta de agradecimiento al general Gutiérrez por el trato dado a sus hombres y que Troubridge entregó el día después cuando se disponía a recoger a los heridos británicos que estaban en los hospitales de la ciudad.

Al contrario que el enemigo los españoles no tuvieron excesivas bajas, con 30 muertos y 40 heridos solamente, sufriendo los británicos 177 muertos por ahogamiento (debido al hundimiento del Fox y las numerosas lanchas hundidas por fuego o por zozobrar), 51 muertos en combate, 5 desaparecidos y 128 heridos. Del total de las bajas tuvieron 7 oficiales muertos y 5 más heridos). Los  prisioneros  fueron devueltos a sus barcos.

Nelson fue uno de los oficiales heridos.

El reembarco de los británicos se hizo con dificultad, ya que habían perdido muchas lanchas y botes en los ataques y tuvieron que ayudarlos con botes y dos bergantines españoles. El general Gutiérrez dejó reembarcar a los enemigos con sus armas y con honores de guerra, cuando debieron haberlas rendido y quedado prisioneros. La tradicional hidalguía española.

Los ingleses tuvieron una considerable pérdida; pues malogrado el objeto de tan costosa expedición mandada por oficiales de mayor crédito, su Almirante Nelson perdió un brazo, su segundo fue herido igualmente que otros varios oficiales; murió el capitán Bowen y muchos soldados, siendo también considerable el número de heridos y nuestra pérdida de poca consideración.

El cabo Correa Corbalán

Como consecuencia de la sonada victoria de las tropas españolas sobre los hombres desembarcados por el contraalmirante Nelson en Tenerife, el general Antonio Gutiérrez elevó a las altas instancias españolas una petición de recompensas para los más destacados en la jornada del 25 de julio de 1797. Como era de suponer incluía a los mandos más significados, a los que se proponía para el empleo inmediato superior. En la relación estaban los jefes y oficiales, Salcedo, Marquelli, Estranio, Guinther, Greagh, Prat, Rosique, Siera, etcétera. Todo normal. Era una petición de ascenso generalizado en la que a todos se daban los mismos méritos, lo que al final resultó inefectivo, porque no hubo ascensos.

Hubo una excepción, porque al incluirlo en la relación se especificaron sus méritos pormenorizados. El general Gutiérrez hizo una mención especial del cabo del Regimiento de Güímar Diego Correa, a quien proponía para el ascenso al grado de subteniente. Era un buen salto. ¿Cuáles fueron sus méritos?

Correa estaba de servicio en la batería de La Concepción. Desde su puesto vio que la madrugada del 25 de julio zozobraban unos botes ingleses cuando intentaban acercarse a la costa. Correa arengó a un puñado de soldados y se lanzó sobre los ingleses que intentaban alcanzar la playa. Combatió contra ellos y capturó 17 a los que llevó prisioneros al castillo de San Cristóbal ante la sorpresa general. Además se apoderó de sus armas, entre otras un cañon de campaña.

El escudo de Santa Cruz de Tenerife

El escudo de armas de Santa Cruz tiene tres cabezas cortadas de león, el animal heráldico de Inglaterra. Los británicos han parecido tener una especial inclinación en conquistar la isla. Por eso, las tres cabezas de león recuerdan las tres victorias alcanzadas contra estos: Blake (1657), Jennings (1706) y Nelson (1797). De las tres, la más importante fue la última. A raíz de esta victoria, el rey Carlos IV otorgó a Santa Cruz la categoría de Villa, sus títulos honoríficos, su escudo de armas y su constitución como municipio

sábado, 8 de septiembre de 2012

En la natividad de la Virgen, te saludamos Señora nuestra.

AVE MARIS STELLA



 Salve, del mar Estrella,
    Salve, Madre sagrada
    De Dios y siempre Virgen,

    Tomando de Gabriel
    El Ave, Virgen alma,
    Mudando el nombre de Eva,
    Paces divinas trata.

    La vista restituye,
    Las cadenas desata,
    Todos los males quita,
    Todos los bienes causa.

    Muéstrate Madre, y llegue
    Por Ti nuestra esperanza
    A quien, por darnos vida,
    Nació de tus entrañas.

    Entre todas piadosa,
    Virgen, en nuestras almas,
    Libres de culpa, infunde
    Virtud humilde y casta.

    Vida nos presta pura,
    Camino firme allana;
    Que quien a Jesús llega,
    Eterno gozo alcanza.

    Al Padre, al Hijo, al Santo
    Espíritu alabanzas;
    Una a los tres le demos,
    Y siempre eternas gracias

viernes, 7 de septiembre de 2012

Leonardo Castellani. El gran olvidado.

Leonardo Castellani, sacerdote jesuita fallecido en el año 1981, escritor de recia fe catolica y mente brillamte fue "descubierto" en España, por Juan Manuel de Prada, escritor y columnista español del ABC de Madrid quien, luego de leer sus obras, sorprendido, decidio publicar una seleccion de ellas bajo el titulo de "Como sobrevivir intelectualmente al siglo XXI"

Transcribo a continuacion algunos parrafos de una entrevista realizada en España a Juan Manuel de Prada como una breve semblanza de la personalidad de Castellani.

Una de las preguntas, significativa por su contenido, es la del porque se habla del padre Leonardo Castellani como de “el Chesterton de la lengua española”

Juan Manuel de Prada contesta:

" Bueno, creo que si hay en la lengua española un escritor católico que admita parangón con Chesterton este es, sin duda alguna, Castellani. Con esto no quiere decirse que el lector de este libro vaya a tropezarse con una especie de imitador o epígono de Chesterton ni nada parecido. Castellani es un escritor de una personalidad única, no imita a nadie ni admite imitaciones: y éste es el primer rasgo del escritor verdadero. Pero, como Chesterton, nos subyuga por el fondo y por la forma. Un apologeta de la fe sin un estilo literario distintivo acaba resultando insufrible, incluso a quienes están convencidos, y no digamos a quienes es preciso convencer. Castellani, al igual que Chesterton, tiene un estilo vibrante, lleno de delicias formales; un estilo que al principio puede resultar difícil al lector desprevenido, pero con el que, una vez degustado, uno desea alimentarse siempre. Si Chesterton es un campeón de la paradoja, Castellani lo es de la ironía y el sarcasmo, en la mejor tradición cervantina. Y su pensamiento, envuelto en ese estilo tan peculiar y sabroso, tiene la capacidad para adentrarse en los grandes asuntos de su tiempo, y para anticipar los del tiempo que viene; de ahí su profunda actualidad, como ocurre en Chesterton. Ambos, por lo demás, son defensores de la ortodoxia; y su capacidad dialéctica, su vocación polemista, son simplemente irresistibles. Ambos, en fin, son capaces de tratar los asuntos más graves con humor; y los asuntos más leves con gravedad. ¿Qué más puede pedirse?".

En otra parte de la entrevista Juan Manuel de Prada habla sobre la "Matrix progre", como el la llama, que ha sumergido en el olvido a muchos, y entre ellos Castellani-
Los "progres" locales les llamo yo.
 
Prada  comenta:

"Eso que yo llamo el Matrix progre es una máquina perfectamente engrasada, que exalta a autores mediocres siempre que sean favorables a su hegemonía; y condena al ostracismo a cualquiera que ose infringir su dictadura. Esto ocurre con autores contemporáneos, y también con los que ya murieron. Y, naturalmente, un autor como Castellani, azote de todas las falacias que sostienen los cimientos del Matrix progre, tenía que ser silenciado por los repartidores de bulas que mueven el cotarro cultural; de ello depende su hegemonía. Más triste es que los propios católicos no le hayan prestado una mayor atención. Esto demuestra que el Matrix progre ha logrado confinar a los católicos en un gueto de ostracismo; y que los católicos se han conformado con tan triste destino."

Triste y explicativo, agrego yo.




Una muestra del sabor ironico de Castellani:

El Credo del incrédulo

Creo en la Nada Todoproductora, donde salieron el cielo y la tierra.
Y en el Homo Sapiens, su único Rey y Señor,
que fue concebido por Evolución de la Mónera y el Mono.
Nació de la Santa Materia,
bregó bajo el negror de la Edad Media.
Fue inquisicionado, muerto, achicharrado,
cayó en la miseria,
inventó la Ciencia,
y ha llegado a la Era de la Democracia y la Inteligencia.
Y, desde allí, va a instalar en el mundo el Paraíso Terrestre.
Creo en el Libre Pensamiento,
la Civilización de la Máquina,
la Confraternidad Humana,
la Inexistencia del pecado,
el Progreso Inevitable,
la Putrefacción de la Carne
y la Vida Confortable.
Amén.


Tres epigramas sobre la Revolución Francesa:


Libertad

El pensamiento libre
proclamo en alta voz.
¡Y muera el que no piense
Igual que pienso yo!

Igualdad

¡Igualdad! Oigo gritar
al jorobado Fontova
y me pongo a preguntar,
¿querrá verse sin joroba
o nos querrá jorobar?

Fraternidad

El hombre al hombre
en este siglo ingrato
dícele :"Seamos hermanos…
o te mato”

martes, 4 de septiembre de 2012

Historias de guerra. Los Tercios de Flandes.

Los tercios, la legendaria unidad de combate de la Monarquía Española durante los siglos XVI y XVII, fueron reconocidos como la mejor infantería del mundo. Todos se rindieron a sus pies: no sólo los comentaristas de la época, sino también las tropas enemigas y todos los historiadores posteriores. Sus eficaces tácticas fueron imitadas incluso por los famosos «grupos de combate» alemanes de la Segunda Guerra Mundial. Impusieron su fuerza en múltiples conflictos, desde Nápoles y Milán hasta la frontera de Francia o Flandes y fue en los Países Bajos donde protagonizaron las más célebres gestas, de ahí que en muchas ocasiones se les denomina, por extensión, «los tercios de Flandes».




En 1534, fue cuando fueron creados por Carlos I como una fuerza de choque de amplia autonomía, gran capacidad de maniobra y elevada potencia de fuego, basada en la combinación de armas blancas y de fuego. Un tercio contaba con tres armas fundamentales, con sus respectivos soldados que las servían: piqueros, arcabuceros y mosqueteros. Soldados de varias nacionalidades formaban los tercios de Flandes, sin embargo los españoles eran los más apreciados por su capacidad de combate.

La llamada «revolución militar» que tuvo lugar a comienzos de la Edad Moderna, es decir el paso de la caballería feudal a la infantería, no supuso un problema de adaptación para los españoles: desde hacía siglos se había ido forjando una cultura de la guerra que enaltecía el valor militar por encima de otras cualidades, y la estructura social estaba condicionada por esos valores. Todos los españoles, independientemente de la clase social a la que pertenecían, podían demostrar su valía personal y ascender peldaños en el ejército.

Como dato curioso vale destacar los llamados “encamisados” grupos especiales mas propios de la guerra moderna de comandos, ideados por el Duque de Alba, que realizaban misiones nocturnas , siempre sorpresivas, contra las posiciones enemigas. Estas tropas irrumpían en los campamentos, sembrando el terror y causando el mayor daño posible, para después escudados en la noche retirarse. Llevaban una camisa blanca , encima de las corazas,  para distinguirse en las noches cerradas de la húmeda Flandes y de aquí les viene dicho sobrenombre

Los tercios protagonizaron auténticas gestas allí por donde pasaron, pero llegó un momento en que la máquina de guerra perdió fuerza, eran demasiados frentes abiertos para cualquier Estado de la época. Así pereció el glorioso ejército de los tercios; no siempre se podía triunfar contra todos sus enemigos que llegaron a ser franceses, ingleses, holandeses y los protestantes alemanes y suecos.

A partir de 1920  también reciben el nombre de Tercios las formaciones de regimentos o banderas de la Legion Española unidad militar profesional aun vigente que fuera creada originariamente para combatir en las guerras de Marruecos  inspirado en las gestas militares de los tercios históricos.

Tambien en la actualidad el Tercio de Armada (TEAR), situado en Cadiz, es la Fuerza Expedicionaria de Infantería de Marina española heredera directa de los Tercios de Galeras de 1537.

.