La llamada «revolución militar» que tuvo lugar a comienzos de la Edad Moderna, es decir el paso de la caballería feudal a la infantería, no supuso un problema de adaptación para los españoles: desde hacía siglos se había ido forjando una cultura de la guerra que enaltecía el valor militar por encima de otras cualidades, y la estructura social estaba condicionada por esos valores. Todos los españoles, independientemente de la clase social a la que pertenecían, podían demostrar su valía personal y ascender peldaños en el ejército.
Como dato curioso vale destacar los llamados “encamisados” grupos especiales mas propios de la guerra moderna de comandos, ideados por el Duque de Alba, que realizaban misiones nocturnas , siempre sorpresivas, contra las posiciones enemigas. Estas tropas irrumpían en los campamentos, sembrando el terror y causando el mayor daño posible, para después escudados en la noche retirarse. Llevaban una camisa blanca , encima de las corazas, para distinguirse en las noches cerradas de la húmeda Flandes y de aquí les viene dicho sobrenombre
Los tercios protagonizaron auténticas gestas allí por donde pasaron, pero llegó un momento en que la máquina de guerra perdió fuerza, eran demasiados frentes abiertos para cualquier Estado de la época. Así pereció el glorioso ejército de los tercios; no siempre se podía triunfar contra todos sus enemigos que llegaron a ser franceses, ingleses, holandeses y los protestantes alemanes y suecos.
A partir de 1920 también reciben el nombre de Tercios las formaciones de regimentos o banderas de la Legion Española unidad militar profesional aun vigente que fuera creada originariamente para combatir en las guerras de Marruecos inspirado en las gestas militares de los tercios históricos.
Tambien en la actualidad el Tercio de Armada (TEAR), situado en Cadiz, es la Fuerza Expedicionaria de Infantería de Marina española heredera directa de los Tercios de Galeras de 1537.
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