martes, 9 de julio de 2013

Así estamos.

El sabor de la tiranía, un sabor hasta no hace mucho desconocido, pero ya anunciado por sus síntomas, el poder sin importar los métodos utilizados para alcanzarlo, la mentira pronunciada con seguridad, paladeada por todos los funcionarios, la adulación sumisa y siempre dispuesta, el desprecio por la justicia y las libertades sin disimulo, la ansiedad para destruir toda opinión contraria y a quienes se atrevan a manifestarla, la corrupción sin límites, y un temor, terror casi a perder la impunidad alcanzada. Así estamos, tristemente.

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