Cada día en cualquier lugar la cálida sonrisa de un niño, la que acaricia el alma de los que la miran y la devuelven, la que no debería quedar escondida por miserias de adultos que no la cuidan o la que nunca se asomara por el más miserable e inhumano de los derechos que se hayan invocado, el del aborto provocado. No dejemos morir la cálida sonrisa de los niños.

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