Un cielo estrellado
en el mar,
Los ojos abiertos
Y el silencio
De las constelaciones
Viejas amigas
Del navegante.
Ahora están
Los fríos satélites
Artificiales,
Ya no más
Los crepúsculos
Buscando estrellas
Y el horizonte
Que se escapa
Pero a la memoria
Del marino, el cielo
Siempre llama
Bienvenida memoria
Recuerdo amable
De tantas jornadas.
Apéndice para no marinos.
En mi época, no tan lejana pero ausente de satélites artificiales, la posición de los buques en alta mar se obtenía por observación de las estrellas utilizando como instrumento el sextante y los cálculos adecuados. Para ello era necesario identificar las estrellas y hacer las observaciones necesarias . Se debía poder ver aún el horizonte y así, utilizando el sextante, registrar la altura de cada estrella sobre dicho horizonte. Luego con las cartas náuticas, el horario exacto de cada observación y los cálculos correspondientes se obtenía la posición del buque en el mar. El único momento en que se pueden observar las estrellas y el horizonte es durante los crepúsculos matutino y vespertino. De ahí mi no perdida amistad con las estrellas, los crepúsculos y el horizonte.
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