Decía Borges que la democracia: es una superstición muy difundida, un abuso de la estadística. Decía también que creía que con el tiempo mereceremos no tener gobiernos.
Hoy, en nuestro casó, la democracia se ha convertido en un abuso de los gobiernos que se han encargado con entusiasmo y eficacia de transformarla en oclocracia, habitualmente con la entrenada dirección de las distintas caras del peronismo y de los políticos afines, ansiosos de alcanzar similar poder y riquezas, aunque algunos lo disimulen trabajosamente.
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