viernes, 27 de septiembre de 2013

Para afianzar la fe en tiempos de dudas.

Del Evangelio, acompañemos también nosotros a los discípulos de Emaus y leamos:

“ Entonces les dijo Él: ¡Oh necios y tardos de corazón para creer todo lo que anunciaron los profetas! . ¿Por ventura no era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas y entrase así a su gloria?. Y empezando por Moisés y discurriendo por todos los profetas, les interpretaba en todas las escrituras los lugares que hablaban de Él. " (Lucas 24, 25-28).  

Recordando el Salmo 21, del Rey David, aproximadamente 1000 años AC cuando profetizaba lo que le pasaría a Nuestro Señor, ofreciéndose por todos nosotros. 

"...Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores;
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.
Ellos me miran triunfantes,
se reparten mi ropa,
echan a suerte mi túnica..."

Y recordando también a ISAIAS que  vivió en tiempos de Ezequias, rey de Juda (727-698 AC) según se menciona en el libro del Eclesiastico. Cabe mencionar que el libro de Isaias en cuyos textos figuran las profecias relacionadas con Jesus, se encontró prácticamente completo entre los rollos del Mar Muerto con una datacion en cuanto al rollo que lo copiaba de mas de 100 años antes de Cristo. Esto se comenta para desvirtuar cualquier interpretación maliciosa con respecto a una transcripción interesada de los textos.

De Isaías 50, 4-7
"... ofrecí mi espalda a los que me golpeaban y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no retire mi rostro cuando me ultrajaban y escupían..."

De Isaías 53, 2- 11

"... No hay en el parecer, no hay hermosura que atraiga nuestra mirada, ni belleza que nos agrade en el. .Despreciado y rechazado de los hombres, varon de dolores y experimentado en el sufrimiento, como de quien se oculta el rostro,  despreciado ni le tuvimos en cuenta. Pero el tomo sobre si nuestras enfermedades,  cargo con nuestros dolores y nosotros lo tuvimos por castigado, herido die Dios y humillado. Pero el fue traspasado por nuestras iniquidades, molido por nuestros pecados. El castigo, precio de nuestra paz cayo sobre el, y por sus llagas hemos sido curados. Todos nosotros andabamos errantes como ovejas, cada uno seguía su camino, mientras el Señor cargaba sobre el la culpa de todos nosotros. Fue maltratado, y el se dejo humillar, y no abrió su boca; como cordero llevado al matadero, y como oveja muda ante sus esquiladores, no abrió su boca. Por arresto y juicio fue arrebatado. ¿ De su linaje quien se ocupara ?. Pues fue arrancado de la tierra de los vivientes, fue herido de muerte por el pecado de mi pueblo. Su sepulcro fue puesto entre los impíos, y su tumba entre los malvados, aunque el no cometió violencia ni hubo mentira en su boca. Dispuso el Señor quebrantarlo con dolencias.  Puesto que dio su vida en expiación, vera descendencia, alargara los dias y, por su mano, el designio del Señor prosperara. Por el esfuerzo de su alma vera la luz, se saciara de su conocimiento. El justo, mi siervo, justificara a muchos y cargara con sus culpas. Por eso le daré muchedumbres como heredad y repartirá el botín con los fuertes, porque ofreció su vida a la muerte, y fue contado entre los pecadores, llevo los pecados de las muchedumbres e intercede por los pecadores. "

Y una breve descripción del las conclusiones sobre el análisis científico del Santo Sudario que se guarda en Turín:

 Las heridas que muestra el Santo Sudario:

 La Síndone o Santo Sudario muestra una imagen tenue y muy detallada de un varón adulto de un metro ochenta y cuatro a ochenta y siete centímetros de estatura, de constitución fuerte,  entre 30 y 35 años de edad, con un peso de unos 80 kilos, con rostro semítico de larga cabellera y con barba, de manos y pies largos y delgados con las huellas dejadas por un casquete completo de espinas y no una corona como se pensaba; además de una serie de detalles que han permitido corroborar el relato bíblico de la crucifixión.
   - Una gran herida circular en una al menos de sus muñecas (la otra queda oculta por la disposición de las manos), como si hubiera sido perforada. Se  ha establecido que el clavo atraviesa la muñeca por el espacio de Destot, y se sitúa entre los huesos del carpo y el ligamento anular anterior, donde se puede sostener el peso del cuerpo.

  La imagen coincide con la descripción del cuerpo inerte de Jesús de Nazaret después de haber sufrido la crucifixión. Los evangelios hablan de una tela o lienzo en el que fue apresuradamente envuelto Jesús tras su muerte, el Viernes Santo, para no romper con el descanso sabático judío. Los judíos fajaban a los cadáveres con vendas, como a Lázaro. Pero con Cristo no tuvieron tiempo, pues murió a las tres de la tarde y había que terminar la sepultura antes de que se pusiera el Sol, pues entonces empezaba el día festivo con prohibición total de cualquier trabajo.
 La Síndone muestra el tormento de un varón joven, con rasgos propios del grupo racial judío. La sangre corresponde al grupo AB, el más frecuente entre los hebreos.
Se trata de un hombre que sufrió hematidrosis (sudor de sangre), grandes magulladuras en las rodillas, y fuertes excoriaciones en la espalda. En la imagen se aprecian un mínimo de 120 golpes con un látigo de tres cuerdas terminadas en bolas de metal idénticas a las que dejaría el instrumento que utilizaban los romanos para flagelar a un reo: el Flagrum taxillatum (objeto que no se usaba en la edad media, (época que algunos han señalado como origen de la sábana) y que se conoce en nuestros días por haber sido encontrado en excavaciones arqueológicas).  En el lado derecho del rostro aparece una gran contusión. Los especialistas afirman que sería producto por el golpe de una barra corta y redonda de entre 4 y 5 centímetros de diámetro. En el resto de la cara aparecen diversas excoriaciones especialmente en la mejilla derecha y la frente. En las regiones que rodean los ojos y cejas, hay llagas y contusiones iguales a las que producirían puñetazos o palos. La ceja derecha está claramente inflamada.El cartílago de la nariz aparece roto y desviado a la derecha. Podría deberse a una caída, pues se han encontrado en ella restos microscópicos de tierra de las mismas características físicas que la de Jerusalén, así como en la rodilla izquierda y las plantas de los pies. Se aprecian en la cabeza 33 orificios como los que produciría un casquete de espinas  a modo de corona. Se han podido contar en total más de 600 heridas y contusiones en todo el cuerpo. Todas ellas fueron producidas en vida, a excepción de una gran herida en el costado derecho, que tiene una forma elíptica del mismo diámetro que una lanza romana; la lanzada llegó a la aurícula derecha del corazón. La herida del costado tiene una forma elíptica del mismo diámetro que una lanza romana: 4.4 cm x 1.4 cm. 
Las excoriaciones oblicuas de la espalda se corresponden al hecho de portar un madero análogo a una traviesa de ferrocarril, y a que el Hombre cayó bajo el peso de este "patibulum".





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