Alguien me dijo que tenía que ser más alegre en mis notas o comentarios ya sea en Facebook o en mi blog o en las conversaciones cotidianas. Es una manera de reprocharme el "cable a tierra" que representan para mi esas notas o comentarios que muestran el día a día de un país que mira, demasiadas veces, para otro lado. No referirme a la anomia ciudadana que invade las conductas en la calle, en la indiferencia ante injusticias flagrantes como las del desprecio por los jubilados, los presos indebidos que agonizan en Marcos Paz, la inseguridad asesina, el narcotráfico floreciente, las riquezas inexplicables e insolentes de tantos personajes, etc, etc.
¿ Significa esto que no seamos alegres ?. No en mi caso. Hay demasiadas cosas bellas en la vida para no vivir intensa e íntimamente esa alegría, la familia, las buenas amistades, los gestos generosos y desprendidos, un buen libro, la Fe con mayúscula, la esperanza que renace como un don pese a todo y tantas cosas más.
Quizás, lo más importante: la libertad de no callar, de afrontar la indiferencia sin temores, en fin, la de estar alegremente enojado.
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