Hoy, la columna de Roberts en La Nación no tiene desperdicio. La ironía, la descripción descarnada de la realidad nacional mirada con una, en el fondo, triste sonrisa, vale la pena leerla, aunque duela. Transcribo como muestra un párrafo:
"...Por eso, a la indignidad del FMI le respondimos con la dignidad de Boudou; a las recetas de ajuste les opusimos la expansión de Lázaro Báez, Cristóbal López y tantos otros; a sus ignorantes economistas, la sabiduría de Lorenzino; a su contabilidad obsesiva, la frescura desprejuiciada de Felisa Miceli y los sobres con plata olvidados en el baño de su despacho; al ahorro, consumo; al Consenso de Washington, el de Olivos; a la altivez de su actual jefa, Lagarde, la humildad de Cristina. ... "
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